domingo, 19 de agosto de 2007

Fábula de una madre aproblemada

¿Pura fantasía? No tanto. Fábula de una madre aproblemada por la cantidad de problemas que le ha tocado vivir en el último tiempo.

Cuenta la historia que en un frío, muy frío, invierno, Michelle decía que las cosas venían bien. Pero el relato también señala que un día, Alan, vecino de ella, decidió comenzar a sacar su auto del garage por la parte de la calle en la que los autos de la casa tricolor habían salido durante los últimos cien años.
Mientras tanto, el vecino que vivía atrás de ambas casas, Evo (dedicado a la agricultura y a los negocios gasíferos), hace rato le decía a todo el vecindario que también quería sacar su automóvil por el mismo pasaje, quedaba con su aspiración hecha trizas. Michelle estaba a punto de contarle que estaba pensando la posibilidad que, en unos años, pudiera quizás caber la posibilidad de que su vehículo pasara por una franja del jardín, y que incluso podría tener una pequeña puerta de entrada hacia la calle. Pero la idea a Alan no le gustó mucho. Se sintió inconsulto y rayó la calle de salida, incluso.
A los dos días un siniestro derrumbó la mitad de la casa de Alan, y una hasta entonces molesta Michelle (a nadie le gusta que le rayen la calle de salida), se comió la rabia y dijo que ayudaría con lo que pudiera para mitigar el dolor de toda su familia. Evo repitió la actitud dentro de sus apretadas cuentas. El dueño de una gasolinera venezonala que quedaba en la esquina, para quien Alan no era santo de su devoción, sumó también su cuota.
Pero no todo en la casa de Michelle, quien más preocupa a los narradores, eran los problemas con sus vecinos. Hace rato que dentro de las familias que habitaban dentro habían problemas. La nueva escalera que había instalado mamá, por encargo de papá, no era lo suficientemente expedita para que todos los niños bajaran de sus piezas con comodidad y sin apretarse en el camino. Por eso Mamá hace rato que había
echado al jefe de obras. Pero no fue suficiente para los miembros más enojados del clan. A todo esto, los pequeños seguían apretados. Los molestos se juntaron en el comedor y a griterío limpio cuestionaron al mayordomo de la residencia el porqué mamá había decidido instalar la escalera, si hasta en los planos de los arquitectos aparecía que no era la maravilla anunciada por papá, quien por cierto estaba en unas vacaciones en el extranjero y que pensaba en volver pronto.
Con el avanzar de los días, los más moderados del clan opositor a la gestión de mamá (muchos de los cuales habían sido fieles seguidores del abuelo que por años llevó los destinos de la casa, según el mayordomo), cuestionaron la actitud del líder del interpelado griterío. Dijeron que tal medida no tenía la real utilidad esperada, y que estaban pensando en no pedirle a mamá que despidiera al mayordomo.
A la misma hora, la mamá lidiaba con algunos empleados de la casa que, a su juicio, habían sobrepasado las fronteras de su actuar y estaban haciendo otros trabajos. "Pastelero a tus pasteles", fue su mensaje en la reunión que sostuvo con todo el personal en un día de asueto, y el asunto pareció calmarse.
En tanto, el acaudalado líder de los moderados, que incluso se había comprado un televisor para sus fiestas, presentaba un modelo para mejorar la multicancha de la residencia.
Pero a todos, incluidos los más distanciados de la familia, se les olvidaron todos los problemas cuando se enteraron que, por culpa del dueño de un lejano fundo, Jorge, ubicado al norte de la ciudad, y su despreocupada forma de manejar su billetera, todos sufrirían el latigazo económico. En realidad, el acaudalado vecino con malos tesoreros, tuvo un gran problema con sus cuentas y ahora eso se haría sentir en la billetera de todos, de acuerdo a las reglas que se habían fijado para vivir cómodamente. Hasta los ahorros de los más pobres y esforzados hogares de todo el vecindario, sufrirían el karma.
Esta fábula aun no termina. Pero en este capítulo la pobre Michelle se siente aproblemada. De hecho, los colores oscuros de sus vestidos fueron la tónica. El mayordomo sigue siendo poco querido, pero estima que nunca lo han querido mucho. Alan tiene la mitad de su casa en el suelo, y el dueño del fundo trata de ordenarse. Mientras tanto, en la casa administrada por Michelle, díscolos y fans de mamá todavía no se ponen de acuerdo para ver como hacen que la casa vaya mejor, y que el sueldo de todos se gaste de mejor manera para todos en el frío invierno que viven todos.

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