miércoles, 26 de septiembre de 2007

Mi vida sin las teleseries


La última que vi fue Sucupira, lo confieso. Luego encontré cosas harto más importantes que pegarme frente al televisor durante una o dos horas y estar pendiente de una historia cuyo final lo conozco antes que finalice. Pero al contrario de lo que ha sido mi política de vida, y que me ha llevado incluso al extremo de escuchar radio casi todo el tiempo libre que tengo, la historia familiar que me antecede llega al fanatismo por muchas de ellas. Mi madre, sin ir más lejos, ha sido fan por años de las teleseries brasileñas que transmite Canal 13 en la hora de la sobremesa. Por eso, si uno quiere conversar con ella, es mejor que saque hora o espere hasta la noche. Entre dos y media y tres y media, mi madre simplemente no está. Interrumpirla puede costar caro, sobre todo si es en alguna de las escenas claves, de esas que le hacen decir “espérate un poquito, deja ver que pasa ahora”.
No es a pelar a mi madre, en todo caso, lo que me motiva. Las teleseries tienen la capacidad, como pocos hombres que conozco, de mantener entretenidas por más de una hora a muchas de mis amigas. Conductas reflejos, identificaciones, malas actuaciones de actores (y los no actores) chilenos, lo que sea. En las teleseries, la gran mayoría de mis amigas se sienten felices, relajadas, entretenidas y comparten más de un tema en común. Como la televisión es un discurso textual que obliga al cien por ciento de la atención, es recomendable no osar interrumpirlas, ni llamarlas, ni nada, solo emergencias…
Todo esto, claro está, lo escribo a colación del fin (por fin) de Papi Ricky y el comienzo de Lola. Canal 13 ha sacado del baúl la estrategia de los pisos de audiencia y el jugar con las expectativas de su auditorio con el fin de la producción encabezada por Jorge Zabaleta, de quien me ahorraré comentarios, culminé con alta sintonía y la nueva producción vapulee a su rival del canal público.
Pero los periodistas, sobre todo aquellos colegas que trabajan en los medios televisivos, no pueden, ni por mucho, quejarse de las teleseries. Son estas producciones y otras porquerías como Vértigo, Animal Nocturno, Rojo y Gigantes con Vivi, las que mantienen comiendo a los departamentos de prensa de los canales más destacados de la parrilla.
El resto podemos seguimos alardeando del manejo, de la maldita manipulación, que hacen las teleseries en el diario vivir. La canción que no conozcas al comienzo de una producción será en poco tiempo el hit radial de moda. Quizás el soundtrack de la misma, como antes, sea el disco más vendido en el estrato C2-C3.
No es rajar vestiduras ni mucho. A mi favor tengo el que mucha de las actitudes reflejo de los pequeños, como los modismos que usan dentro de la sala de clases, los aprenderán adivine querido lector desde que medio…. Sí, le achuntó… Las teleseries han vulgarizado el trato, alimentado el bullyng escolar, incrementado el número de sobrenombres del más apagado del curso, y será el comidillo en el dialogo matinal de la sala de clases. A más de alguien le han dicho “chingao” en la calle, y no me parecería raro a estas alturas que a muchas Catalinas de mal carácter hoy les digan “catrala”. Por eso, me alejé de las teleseries… de todas… lo que no quiere decir que sea un paria… o sea, final feliz, tiene que haber. Y el tema se llama long cool woman in a black drees, es viejo y lo canta The Hollies. That’s all.

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