De tanto en tanto suelo comer fuera de casa. A la poca costumbre de la variación y la tendencia de irme a la segura, recurrentemente, elijo el mismo plato. Sobretodo en mis visitas a los locales conocidos: merluza con ensaladas.
No soy quien para criticar la gestión de Lagos Weber en la testera de la Secretaría de Gobierno (quizás el más expuesto de los cargos repartidos en la administración pública), ni menos cuestionar su aspiración de ser Senador de la República en un futuro cercano. Los animales políticos consumen poder, y la adicción al elixir público hace que las dosis vayan en aumento con los años, disfrazando la necesidad vital, como cualquier adicto, detrás de los recurrentes y consabidos eufemismos.Quizás como usted, también miré con un poco de extrañeza que nuestra cirujana más conocida nombrara en el cargo a un ex vocero del gobierno de Lagos, reconocido “laguista”, y quien tiene un alto grado de admiración por el ex mandatario, como Francisco Vidal.
La única explicación que encontré al intrincado hecho político de la semana (aparte de servir para sacar al bueno de Vittorio de las portadas y no afectar la cantidad de ministros por partido), fue que, ante la ausencia de rostros mediáticos con los ánimos suficientes para hacerse los “simpáticos” ante los televidentes y micrófonos del país, no quedó otra que llamar a Vidal.
El profesor de Historia, que comenzó a hacerse conocido en los albores del gobierno de Frei como encargado de la Subsecretaría de Desarrollo (que reparte las platas fiscales en los municipios), y que luego fue vocero y Ministro del Interior de Lagos y Presidente del Directorio de TVN hasta el llamado de Bachelet, cumple con el criterio suficiente para levantar los bonos de la presidenta, y mantener una tendencia instalada de ninguneo a las opiniones de la oposición (ya comenzó su festín con la creación del “oposicidio”), y para mantener cierta verticalidad y alineamiento de conducta con los medios cuya propiedad está en la raíz estatal.
No culpo a Michelle de su decisión, pero tampoco comparto que Vidal asegure levantar los bonos. Quizás es una estrategia más de defender el que ha sido llamado como “el mejor gobierno que ha tenido Chile”, como en su momento se dijo del encabezado por el hijo de don Froilán, y allanar terreno en la moneda (y en el bloque concertacionista) para un eventual nuevo desembarco del, por estos días, defensor del medio ambiente.
Además, en repetirse el plato e irse a la segura no hay nada extraño para los chilenos. Casi todos, dentro de nuestros cánones costumbristas y conservadores (en el fondo todos somos conservadores) tenemos aires de tener la tendencia demostrada esta semana por la presidenta. Cautela en la información, cautela en la renuncia, cautela en el nombramiento. Siempre a la segura.
Por eso a la hora de pensar en esta columna, me acordé que, de tanto en tanto, suelo comer fuera de casa. A la poca costumbre de la variación y la tendencia de irme a la segura, recurrentemente elijo el mismo plato. Sobretodo en mis visitas a los locales conocidos. La Presidenta al parecer anda por las mismas tendencias.
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