miércoles, 3 de octubre de 2007

Ser servidor no servido

Ser servidor, no servido
De tanto en tanto mi primo, Ingeniero en Comercio Internacional de buen currículo, y yo, Periodista que hace sus primeras armas en las letras, comentamos la realidad. Solo para contextualizar, Pato, mi primo, suele ser, como buen ingeniero, harto más pragmático que yo, que me coloco aún en la vereda de los sueños y la justicia social que debe tener una sociedad para avanzar.
Verseamos la realidad, nos ponemos en escenarios, criticamos el tamaño del aparato estatal, la fallida responsabilidad social empresarial de la clase diligente, el cómo mejorar la región en la que habitamos y de otras menudencias tan rebuscadas como el desprecio que sentimos por todos aquellos que se aprovechan de su posición para ganar dinero extra haciendo cosas tan simples como tráficos de influencias, por ejemplo. Luego de conversar con él, casi siempre me voy con la conclusión que ambos seríamos de lo más honesto dentro del servicio público, si pudiéramos (si nos dejaran).
Tenemos ganas, tenemos el ánimo de hacer cosas, tenemos esa sensación de que sólo si haces algo por los demás puedes sentirte bien en la vida. Y tenemos dos caminos para hacer eso realidad: o nos convertimos en empresarios y generamos valor transversal, o somos servidores públicos. Para ambos hay que tener requisitos.
Si empresario se quiere ser se debe tener capital o la mentalidad emprendedora suficiente para pensar que de un cajón de manzanas puedes generar beneficio propio y otro social. En el caso contrario, si servidor público se quiere ser, debes tener confianza en que los pitutos son solo un recurso in extremis que no aseguran de ningún modo (a no ser que tengas un tío diputado o algo parecido) que durarás por siempre en ese trabajo, o que tienes pasta para el cuento (no cualquier familia come con 500 lucas en promedio).
No vengo a renegar de los pitutos. Creo son un fenómeno estructural dentro de la política actual, y que han ido mutando y tecnificando su estilo y su forma de hacerse presentes. Al final siempre van a elegir al tipo que genere confianza. Pero no nos vamos por las ramas, no esta vez.
Finalizo. A un amigo, que compartía el tema del servicio público con afán, en su última postulación a un concurso público le preguntaron:
- ¿Para qué quiere Ud. trabajar acá?
- Para servir, No a Uds., estimados amigos de políticos, diputados u otros, sino que para hacer que la comuna, que mi comuna, sea un sitio mejor, mucho mejor. Para eso tengo todas estas ideas y espero que, con vuestra confianza, podamos llevarlas a cabo.
- Gracias, lo llamamos.
Servidor Público, no servido público. Ese es el punto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Concuerdo contigo en que si uno tiene las ganas y las ideas, puede lograr cosas... pero lamentablemente, el que haya entrado apitutado, siempre estará un paso más adelante que el que lo hizo por mérito propio... y te lo digo, porque es una realidad que veo a diario en mi trabajo.

Asi funciona nuestro país...

Isa